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Entrevista a Cherifa Ait Benamar: sobre mujeres y sindicatos en Argelia

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afrol.com, 18.10.2000 - Cherifa Ait Benamar de la UGTA (Unión General de Trabajadores de Argelia) fue elegida nuevamente para integrar el Comité Femenino de la CIOSL. Esboza un panorama sucinto de la sociedad argelina y pone énfasis en el papel fudamental que desempeñan las mujeres para restablecer la democracia.

¿Cómo ve usted la situación política argelina? Durante el mes de septiembre fueron muertas más de cien personas. Dentro de ese contexto ¿se debe temer un nuevo brote de violencia en el país?

La UGTA ha respaldado el programa electoral del presidente Bouteflika y su campaña a favor de la concertación civil que el pueblo votó mayoritariamente. Hoy en día, presenciamos un retroceso considerable de los actos de terrorismo. Podemos circular más fácilmente y hay mayor seguridad. En mi opinión, los últimos atentados se deben sobre todo a grupúsculos fundamentalistas aislados y creo que los atentados se irán acabando. 

Las sindicalistas y las mujeres en particular fueron los primeros blancos de esos atentados. ¿Qué repercusión tuvieron todos esos años de violencia sobre sus vidas y su trabajo?

Las mujeres tienen una gran madurez política. Ya durante la guerra de independencia habían tomado las armas con los partisanos. Cuando últimamente se produjo este aumento de la violencia en el país, las mujeres ocuparon las primeras filas en la lucha por la democracia. En los momentos más difíciles, sobre todo durante la marcha social demócrata, salieron a la calle. Podría decir que eso fue algo natural. Muchas mujeres son musulmanas practicantes y no comprendieron cómo utilizan los fundamentalistas los textos religiosos. A escala sindical, si tomo el caso de la región de Tisi Ousu donde me desempeño como secretaria general del comité de mujeres, hay más de cien mujeres sindicalistas con cargos ejecutivos. Las sindicalistas están representadas en todos los sectores, inclusive en el de la electrónica. Hay también mujeres en el senado, mujeres médicos como yo, mujeres en los partidos políticos. Podría decir que Argelia es una verdadera fuerza energética de mujeres. Estimo que se puede atribuir eso al hecho de que el acceso a la escuela es obligatorio para las niñas y para los varones hasta la adolescencia. El nivel de educación de las argelinas es alto. Por ejemplo, hoy en día, en la ciudad universitaria donde trabajo, dos terceras partes de las 11 residencias universitarias que hay están ocupadas por chicas que son bachilleres.

¿Se puede decir entonces que la mujer argelina tiene una posición privilegiada?

Digamos que las argelinas tienen mucha paciencia. Están en todas partes pero no buscan obtener prestigio. Sin embargo, en mi opinión el sindicato debe ser un vector social, debe hacer retroceder el machismo. Está claro que la sociedad actual no rinde suficiente tributo a las mujeres ni a su trabajo.

¿Qué balance haría de las reformas económicas impuestas por el FMI?

Hemos soportado sus efectos y eso no fue fácil. Entre 1991 y 1994, el nivel de vida era muy alto. Hoy en día, la situación ha pasado a ser más estable. Esas reformas provocaron también numerosos cierres de empresas y el despido de 400.000 trabajadores y trabajadoras. Una parte de esos trabajadores pudo disfrutar de un respaldo al haberse creado una caja nacional de subsidio de desempleo gracias a la UGTA, que dio origen a ese proyecto. Hoy en día, vivimos una fase de privatización y la UGTA plantea condiciones muy estrictas a su puesta en práctica. Desea que esas reformas se acompañen de una reactivación del crecimiento económico y de creación de empleo. 

¿Repercute esa evolución sobre las condiciones de trabajo de las mujeres?

En mi país se adoptó muy pronto el Convenio No. 103 sobre la maternidad y numerosos sectores están dominados por mujeres, como el de educación, joyería, salud, tejido, manufacturas, trabajo artesanal. Sin embargo, la sindicalización se hace cada vez más difícil dentro del sector privado. El sistema de contratos renovables (cada seis meses) aleja a los trabajadores de los sindicatos. El empleado no se atreve a imponerse y teme perder su puesto de trabajo. Tampoco se aplican muchos de los fallos judiciales. Por ejemplo, cuando los jueces dictaminan la reintegración de los trabajadores, las empresas no lo acatan. 

 


Fuente: CIOSL 


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