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afrol.com, 15.03.2001 - Más del 57% de las ecuatoguineanas son todavía analfabetas y viven dedicadas al campo. Sólo el 10% de las mujeres trabajan en la administración pública y el 8% se dedica al comercio. La pasada semana se dirigieron al Primer Ministro para denunciar "las violencias conyugales" y exigir a su gobierno una verdadera intención de esforzarse por llegar a un cambio en la mentalidad de la sociedad. "La época actual exige que haya una igualdad entre el hombre y la mujer, pero para que esta sea real hace falta el cambio de mentalidades, exigencia que pasa ante todo por la formación de la mujer", señala la Directora General del ministerio de la Condición de la Mujer, Faustina Erimola. Frecuentemente analfabetas y relegadas en los trabajos agrícolas o domesticos, las mujeres ecuatoguineanas esperan conseguir alcanzar un nuevo status en la sociedad todavía dominada por las fuertes tradiciones, a favor de la reciente modernización de Guinea Ecuatorial. En el año 2001, el lugar de las mujeres en la sociedad de esta antigua colonia española de aproximadamente 450.000 habitantes no parece en efecto haber cambiado mucho, aunque el país atraviesa hoy profundas transformaciones gracias a la naciente industria petrolera. "Actualmente, las mujeres de nuestro país estudian muy poco, de ahí su débil presencia en el mercado del empleo", explica la Señora Erimola, que precisa que sus numerosos puestos son accesibles. "Esta situación es tanto más graves que la mayoría de ellas piensan que su única salida es hacer niños y trabajar en los campos", prosigue . Una verdadera toma de conciencia nació sin embargo en los años 90 y varias mujeres expresaron públicamente su voluntad de participar en la modernización de su país. Un fenómeno y un discurso que se traduce esencialmente por la multiplicación de asociaciones de mujeres, a la imagen de los comerciantes de Malabo que estan reagrupados para defender sus intereses. No obstante, el peso de las tradiciones seculares son un obstáculo de la emancipación social de las mujeres que, una vez casadas, están confrontadas a la guarida del marido y difícilmente pueden tomar iniciativas sin su permiso. Según las reglas consuetudinarias de los fang, la etnia mayoritaria en Guinea Ecuatorial, que se encuentra también en Camerún y en Gabón, la familia de la novia puede reclamar dinero u objetos al pretendiente, pudiendo alcanzarse sumas considerables según el nivel de vida. Una familia acomodada debe a menudo reponer dos millones de francos CFA, mientras que una familia modesta deberá desembolsar 500.000 F CFA para que se produzca la unión. En caso de separación, esta misma familia reclamará en cambio su dinero. Una vez pagada la dote, la joven esposa deviene luego "una especie de propiedad del marido que decide la suerte que la reserva", afirma Clotilde, una comerciante de unos cuarenta años, divorciada en dos ocasiones y madre de 14 hijos. Frecuentemente considerado como un "objeto de valor" por sus familias, las jóvenes se pronuncian poco a poco contra el matrimonio tradicional.
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