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afrol.com, 19.03.2001 - Las autoridades sanitarias ecuatoguineanas han lanzado este fin de semana una alerta a la población de la parte continental del país ante un brote de rabia que ha acabado con la vida de siete personas en la última semana. En concreto dos niños y cinco adultos fallecieron la semana pasada al haber contraído la rabia como consecuencia de mordeduras de perros infectados, gatos o liebres en Bata, la segunda ciudad del país y situada en la parte continental. En el continente africano, el perro continúa siendo la principal fuente de rabia (alrededor del 90%). El principal modo de contaminación es la mordedura y en un grado menor los arañazos y el lamido. Según un informe de 1999 de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se diagnosticaron más de 4000 casos de rabia animal en todo el continente, aunque se espera que este número refleje tan sólo una pequeña parte de la situación de la rabia en África. Alrededor de 100-200 personas mueren de rabia cada año en África. Sin embargo, en la mayoría de esos casos, el diagnóstico es únicamente clínico y también se cree que el número de fallecidos debe ser mucho más elevado.
La enfermedad La rabia es una enfermedad siempre mortal que ataca el sistema nervioso y provoca encefalítis. La vía nerviosa es el modo de transporte viral, desde el punto de inoculación al sistema nervioso. A continuación el virus emprende las vías nerviosas hacia diferentes órganos periféricos. El tratamiento en el hombre consiste principalmente en una vacunación. El primer tratamiento antirrábico fue concebido por L. Pasteur en 1885 usando la médula de conejo infectado. Posteriormente las vacunas preparadas a partir de tejido cerebral han sufrido numerosas mejoras. Las vacunas actuales preparadas a partir de cultivos celulares son eficaces. Los protocolos de tratamiento son diferentes para cada tipo de vacuna. Una seroterapia puede ser asociada a la vacunación antirrábica. Pero el tratamiento de la rabia, una vez declararada, no existe: cuando los primeros síntomas aparecen la evolución hacia la muerte es inevitable: de algunos días a varias semanas, según las posibilidades de tratamiento sintomático y de reanimación.
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