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afrol.com, 05.03.2001 - Amnistía Internacional ha descrito la semana pasada como «generalizadas» las torturas y los malos tratos en las comisarías de policía y los centros de detención de Egipto. Al publicar su informe, titulado Egipto: Se sigue torturando y haciendo caso omiso del clamor por que se haga justicia, la organización de derechos humanos insistió en que «no se libra nadie». La mayoría de las víctimas, tanto hombres como mujeres, tanto niños como ancianos, son personas detenidas en las comisarías de policía en conexión con investigaciones criminales. A lo largo de los años, miles de detenidos han sido sometidos a torturas y malos tratos en Egipto. Las formas más usuales que se han denunciado son torturas con electricidad, palizas, azotamientos, suspensión por las muñecas o los tobillos, suspensión de un palo horizontal con el cuerpo en posturas retorcidas y varios tipos de tortura psicológica, como amenazas de muerte y amenazas de violación o abuso sexual de los detenidos o de las mujeres de su familia. El informe de Amnistía Internacional cita testimonios de numerosas víctimas cuyas vidas han cambiado para siempre a consecuencia de las traumáticas experiencias sufridas a manos de sus torturadores. El 3 de marzo del 2000, Salha Sayid Qasim, de 37 años de edad, madre de cuatro hijos, fue aprehendida por agentes de seguridad que se la llevaron de la casa en la que trabajaba como empleada doméstica a la Comisaría Central de la Policía de Gizeh, acusándola de haber entrado a robar en casa de su empleador. Una vez en la comisaría, los policías la amenazaron al parecer con abusos sexuales, incluso con violarla en grupo. Después de varias horas de tortura, la encerraron para pasar la noche en una celda con un detenido varón. Salha Sayid Qasim fue puesta en libertad el 4 de marzo del 2000, sin que le formularan ningún cargo. Amnistía Internacional también destaca el caso de Mohammad Badr al-Din Gom‘a Isma‘il, de 39 años de edad, conductor de un autobús escolar, al que se detuvo en septiembre de 1996 y se torturó hasta hacerle confesar que había matado a su hija, cuyo paradero se desconocía. Al reaparecer ésta, y posiblemente para tratar de encubrir el falso cargo de homicidio, la policía detuvo a madre e hija durante varios días. Incluso después de dejarlas en libertad, siguieron manteniendo detenido a Mohammad Badr al-Din Gom‘a Isma‘il y sometiéndolo a torturas. Durante el periodo de detención, lo torturaron con electricidad, hasta en las partes más sensibles del cuerpo, y lo golpearon mientras estaba suspendido de una puerta. Los servicios de seguridad raramente han tenido que rendir cuentas ante la justicia, incluso cuando se han producido muertes de detenidos en custodia aparentemente debidas a la tortura. En años recientes, sin embargo, varios policías han sido juzgados por el homicidio de personas detenidas cuando la tortura parece ser la causa o un factor de la muerte. El último de estos casos, este mismo mes, fue el de seis guardias penitenciarios a los que se procesó por el homicidio de Muhammad 'Issa, recluso de la prisión de Wadi al-Natrun. Un tribunal penal los condenó a varios años de prisión. Aunque se ha producido una reducción significativa de las denuncias de tortura de detenidos políticos, principalmente debida a haber disminuido el número de arrestos de presuntos miembros de los grupos armados islamistas en los últimos años, las denuncias de tortura de detenidos, especialmente mientras se encuentran en régimen de incomunicación, no han cesado. Son centenares, incluso millares, las denuncias de tortura presentadas ante las autoridades que no se han investigado debidamente, contribuyendo así a perpetuar el ciclo de impunidad y nuevas torturas. Sin dejar de considerar positivas ciertas medidas tomadas por las autoridades egipcias, como la prohibición de los azotamientos en las prisiones anunciada el año pasado, Amnistía Internacional ve con preocupación que el gobierno egipcio continúe eludiendo sus responsabilidades en virtud del derecho interno y del derecho internacional, que prohíben la tortura y los malos tratos. Las organizaciones nacionales e internacionales de derechos humanos, así como los organismos de la ONU, han hecho repetidas y minuciosas recomendaciones al gobierno, de las que éste hasta la fecha no ha hecho prácticamente ningún caso. Amnistía Internacional ha pedido de nuevo al gobierno de Egipto que proteja a sus ciudadanos de las violaciones graves de los derechos humanos con medidas concretas, que incluyan salvaguardias fundamentales para la protección de las personas detenidas, acceso inmediato a un abogado, a familiares y a un médico, y que ordene que se investiguen sin dilación, con imparcialidad y exhaustivamente todas las denuncias de tortura.
Fuente: Amnistía
Internacional
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