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Estas tendencias positivas en la última parte del año 2000 han conllevado un gran optimismo a esta región tan afectada. Pero los analistas de conflictos avisan que no estamos cerca de ver la solución de los conflictos africanos en el próximo año. "Creo que hemos tomado el camino equivocado. O hemos utilizado las metodologías correctas en el momento erróneo, o las metodologías incorrectas en el momento preciso", argumenta Chris Abong'o, profesor lector del Instituto de Diplomacia y Estudios Internacionales de la Universidad de Nairobi (Kenia). En el caso de, por ejemplo, Eritrea y Etiopía, ambas partes estaban de acuerdo en firmar el acuerdo bajo las presiones de la Organización de Unidad Africana (OUA) y otros colaboradores internacionales, pero se siguen teniendo sospechas sobre las intenciones entre ellos. "Este acuerdo sólo tiene como meta acabar con las hostilidades, pero no incluye la vuelta de unas relaciones amistosas. Todavía no confiamos en ellos por el hecho de su gobierno dictatorial", afirma Mengistu Ayalew, un consejero de la embajada etíope en Nairobi. "Han intentado atacar a Somalia, Yibuti y Yemen. Sería necesario un cambio radical de su gobierno antes de que pudiésemos confiar en ellos", afirmó a IPS. La situación es similar en Burundi, donde se firmó un acuerdo de paz en
agosto de este año, con la presencia del ex-presidente sudafricano y
mediador jefe, Nelson Mandela, y el presidente estadounidense, Bill Clinton;
acuerdo que hasta el momento no ha demostrado muchas posibilidades. El
acuerdo buscaba un reparto de poder más justo entre la élite minoritaria
tutsi, que ha dominado el gobierno y las finanzas desde la independencia del
país, en1962, y los hutos, que forman un 80% de la población del
país. Así que la mitad del continente está envuelta en conflictos armados,
aumentan los traslados a los países vecinos. Esfuerzos diplomáticos para
controlar y maniobrar los conflictos han fracasado en la mayoría de los
casos. Ya que la OUA se ha aferrado a su estatuto, que le prohíbe la interferencia en asuntos internos de los estados miembros, el cuerpo regional no ha sido visto como parte de los esfuerzos para resolver los múltiples conflictos internos en África. "Cualquier organización tiene que tener metas y objetivos. Pero la OUA tiene algo muy vago. Hay demasiados obstáculos para la unidad", nota Akasha Alsayed Akasha, que lidera el Centro de Investigaciones y Estrategias de Paz, basado en Nairobi. Muchos de los conflictos internos de la región, según Abong'o, envuelven a los recursos naturales, aunque los líderes solamente se concentran en resolver los aspectos políticos de los conflictos. "Están hablando sobre conflictos políticos, mientras que hay cientos de asuntos medioambientales relacionados. Lo ignoran. Primero deberían identificar las interfases entre conflictos medioambientales y políticos, antes de intentar maniobrar los conflictos", añade. En Sierra Leona, donde un pequeño conflicto interno ha perdido el control este último año, el asunto ha sido el control con las minas estratégicas de diamantes en este país africano occidental. Durante este año se vieron los desastrosos episodios de secuestrar como rehenes a los cascos azules de la ONU enviados para vigilar los acuerdos de paz, firmados anteriormente entre el gobierno de Ahmed Tejan Kabbah y los "rebeldes" del Frente Revolucionario Unido (RUF), liderado por Foday Sankoh. "Sierra Leona nos recuerda que no necesariamente deberíamos confiar en la buena fe de los partidos", avisa Shashi Tharoor, un consejero del Secretario General de la ONU, Koffi Annan. "Mientras se mantiene la esperanza en lo mejor, a veces tenemos que planear y prepararnos para lo peor". Tanto en Angola, donde los "rebeldes" de la UNITA, liderado por Jonas Savimbi, han mantenido una guerra contra el gobierno del presidente Eduardo dos Santos, como en Congo Kinshasa (DRC) actualmente en medio de un conflicto que ha arrastrado a otras ocho naciones, el asunto está ampliamente influenciado por factores externos que envuelven recursos. Pero como los líderes están esforzándose para adquirir el poder, las herramientas de guerra no solamente se han hecho caras, sino también divergen a los recursos muy necesitados por el desarrollo. El gobierno sudanés, por ejemplo, gasta millones de dólares en el conflicto de la parte sur del país, rica en petróleo, minerales y otros recursos como madera. El conflicto que ya dura 17 años ha conllevado la muerte de más de dos millones de personas y ha desplazado a, por lo menos, unos cinco millones de habitantes. Tanto Etiopía como Eritrea gastaban un 80% de su balance nacional en artillería de guerra, que costaba la vida de, por lo menos, 400.000 soldados en ambos lados. En Uganda, el gobierno del presidente Yoweri Museveni gasta un 40% de su balance nacional en el sector militar. Si, por ejemplo, una bala de artillería que cuesta aproximadamente 12.000 dólares puede construir una escuela o un centro de salud en África, o los costes de un tanque son equivalentes al precio de 100 tractores, según Akasha, entonces África no necesita enemigos - con sus líderes actuales. "Todo el tiempo la gente sufre de hambre porque nuestros líderes no están interesados en el desarrollo. Solamente les interesa adquirir el poder a cualquier precio", declaró Akasha a IPS.
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