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El escepticismo ante esta cumbre ya comenzó unos días antes y las protestas se hicieron patentes el mismo día de la inauguración, cuando en las calles de Durban manifestantes gritaban pidiendo un abaratamiento de los fármacos necesarios para los portadores de VIH. Era precisamente en esos momentos cuando el presidente surafricano, Thabo Mbeki, leía el discurso inaugural que tanto ha indignado a varios sectores. El mandatario se limitó a leer el artículo de la Organización Mundial de la Salud de 1995 sobre el SIDA y su relación directa con la pobreza de los países africanos. Para él, la pobreza del continente es la responsable de la explosión que ha tenido en él la epidemia en los últimos años, algo más que evidente. Pero no hizo denuncia alguna a la industria farmacéutica, ni siquiera se atrevió a proponer una nueva política sanitaria. Y allí, frente a los responsables de la industria farmacéutica mundial, de representantes políticos de distintos países africanos y de la ONU, prefirió llorar sobre la situación económica africana, en lugar de exigir un abaratamiento en los tratamientos de antirretrovirales que necesitan los portadores de VIH como tratamiento básico. El discurso inaugural decepcionó y lo que es peor, indignó a muchos. La situación actual en África es de 5.500 muertos diarios de SIDA. Y con una cifra así no se puede esperar que un político se resigne a lamentarse, sin plantear soluciones ni defender los derechos mínimos sanitarios de los portadores de VIH. El tratamiento mínimo que necesita un infectado alcanza la suma de 5.438 dólares al año, todo un sueño para la mayoría de los africanos. El único punto que ha quedado claro después del polémico discurso es el de la discrepancia entre los distintos grupos que intervienen en la conferencia. Los representantes de ONU SIDA han explicado todos los esfuerzos que llevan a cabo por conseguir un cambio de postura por parte de la industria farmacéutica. Industria que por su parte se limita a decir que no abaratará los precios ni facilitará la distribución por no confiar en las infraestructuras sanitarias africanas. Y ante esto, los ministros africanos de sanidad se niegan a responder cuando se les pregunta sobre la posibilidad de mejorar dichas estructuras. Con todo esto, parece que la injusticia del SIDA continuará en África si esperamos soluciones concretas por parte de la Conferencia Internacional. No obstante, la noticia positiva son algunas reacciones individuales, como la llevada
a cabo ayer por el juez del Tribunal Supremo de Johannesburgo. Edwin Cameron, surafricano y blanco, compareció ante la conferencia por dos motivos. Primero, declarar que tiene SIDA, es homosexual y recibe tratamiento. Segundo, reconocer que puede recibir dicho tratamiento por pertenecer a una clase privilegiada, frente a los 40 millones de afectados que actualmente no pueden recibirlo
debido al precio de los fármacos. Y ya ha propuesto nuevas medidas sanitarias para acabar con esta injusticia que no parece interesar demasiado a la clase política, hasta ahora.
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