El Sáhara Occidental en la encrucijada


Autor: 
Carlos Ruiz Miguel,
Profesor titular de Derecho Constitucional, Universidad de Santiago de Compostela, 2000


 

 

 

 

1. De entre los pocos conflictos surgidos en la época de la guerra fría que ha sobrevivido al cambio de la estructura del poder mundial operado tras la caída del Muro de Berlín el del Sahara Occidental constituye un caso singular. Excluimos de este grupo los conflictos chipriota (pues se produce entre dos miembros de la OTAN), y taiwanés (pues China constituyó un "tercer" bloque). De entre los conflictos propiamente dichos surgidos en aquella época persiste el gravísimo conflicto angoleño (guerra civil), el indo-pakistaní (problema de fronteras) y recientemente se solucionó el único caso que guardaba alguna semejanza con el Sahara Occidental, el de Timor. 

 

Queda así el conflicto del Sahara Occidental como el único problema de descolonización aparecido en la época de la Guerra Fría cuya solución debe buscarse en el nuevo esquema de fuerzas políticas internacionales producido después de dicha etapa. La paradoja es que el fin de dicha Guerra Fría, que aparentemente facilitaría la solución del problema, sólo ha servido para enquistarlo. Intentaremos dar una respuesta.

 

 


2. La causa del problema está claramente identificada: se trata del delirio expansionista e imperialista marroquí fruto de la ideología nacionalista de El Fassi y su mapa del "Gran Marruecos" (mapa que, con ciertas variaciones, sigue presidiendo el Salón del Trono marroquí y que incluye a Canarias, además del Sahara Occidental). El expansionismo marroquí se vio favorecido por causas a menudo contradictorias, pero que siempre operaron en su favor. De hecho, ya antes del surgimiento del nacionalismo marroquí en el segundo tercio del siglo XX, los intereses franceses para debilitar a su enemigo "natural" que es España, le llevaron a fortalecer a Marruecos (y esta idea explica los sucesivos tratados hispano-franceses sobre Marruecos, entre ellos, el de 1912, en el que se regala a Marruecos la región de Villa Bens, entre el paralelo 27º40' y el río Draa, que siempre había sido saharaui y nunca marroquí). Es el deseo francés de debilitar a España, lo que establece la duradera y eficaz alianza franco-marroquí. 

 

Esto explica, precisamente los fracasos y los éxitos del imperialismo marroquí y de su idea del Gran Magreb: mientras Marruecos fracasó en sus intentos de anexionarse indirectamente Mauritania (en la guerra de 1957-1958 dirigida a anexionarse el Sahara Occidental e Ifni) y directamente parte de Argelia (de influencia francesa, guerra de las arenas de 1963); Marruecos triunfó, a costa de España, en sus intentos de anexionarse la región de Villa Bens (1958), de Ifni (1969) y del Sahara Occidental (1976). 

 

En el último supuesto, al declarado interés francés en la anexión del Sahara Occidental a un Marruecos francófilo, antes que contar con un Sahara Occidental independiente e hispanófilo, se unió la nefasta estrategia de "contención" del comunismo patrocinada por Kissinger y cuyos "éxitos" son de sobra conocidos (Chile, Timor Este, Camboya).

 

 


3. De esta suerte, nos encontramos con que la vinculación del conflicto del Sahara Occidental a la Guerra Fría sólo es superficial, pues el conflicto profundo no es el Este-Oeste, sino el hispano-francés. De hecho, aunque suela ignorarse, la URSS y el Bloque soviético se abstuvo en las decisivas votaciones que se llevaron a cabo en Naciones Unidas en 1975 para dar cobertura a la invasión marroquí, y ningún país de aquel bloque reconoció a la RASD (los casos de Yugoslavia y Albania son, evidentemente, distintos). Por ello, resulta falaz sostener, como hizo y hace la propaganda marroquí, que el conflicto del Sahara es un invento de la Guerra Fría que perdió su sentido al acabar ésta. La clave está, sencillamente, en una colusión de intereses, básicamente en contra de España, entre el imperialismo marroquí y el imperialismo francés.

 

 


4. Ahora bien, el final de la Guerra Fría ha tenido un efecto inesperado sobre el conflicto. Al derrumbarse la URSS, los Estados Unidos angloamericanos se convirtieron en la única potencia mundial, quiérese decir, en la única potencia con intereses en todo el mundo. Esto significa que los Estados Unidos angloamericanos ahora tienen un interés en el Magreb... en todo el Magreb. Ciertamente, los Estados Unidos angloamericanos mantuvieron relaciones con Marruecos en la época de la Guerra Fría, y no es menos cierto que Hassán II fue agente al servicio del Mossad y la CIA; pero en el anterior mapa de fuerzas el país más rico de la zona, Argelia, escapaba a su área de influencia. 

 

En el nuevo escenario, los Estados Unidos amplían su interés a toda la zona magrebí, incluyendo muy especialmente a Argelia. Este interés político (pero, sobre todo, económico) estadounidense va a chocar con el interés francés en crear su propia área de influencia africana aprovechando la caída del imperio soviético. 

 

El nuevo escenario así, es el siguiente: por un lado, la tradicional colusión de intereses de Francia (debilitar a España, privándola de un área de influencia en el Sahara Occidental) y de Marruecos (afán imperialista de convertirse en una gran potencia africana) para conseguir la anexión marroquí del Sahara Occidental; por otro lado, el interés de Argelia (en no ser víctima de Marruecos y en convertirse a su vez en una potencia regional) en un Sahara independiente sobre el que poder influir y contrarrestar el expansionismo marroquí; y, finalmente, el interés de los Estados Unidos angloamericanos en adquirir una posición de árbitro entre las partes en conflicto y en conseguir una solución consensuada entre las partes que permita alcanzar la estabilidad suficiente para desarrollar los planes de expansión económica trazados por los angloamericanos para el Magreb, interés este que parece traducirse en la idea de un Sahara Occidental autónomo. 

 

¿Y España? España... está "casi" ausente: el interés nacional, que sin duda reside en el apoyo de la causa saharaui a efectos de contrarrestar el imperialismo marroquí y la influencia francesa, no está defendido por el Gobierno español, pero sí lo está por la sociedad civil. Si hace falta alguna prueba de que la sociedad civil existe en España, el tejido asociativo de apoyo al Sahara Occidental habla por sí solo. La sociedad civil española en este momento constituye el principal apoyo de la causa saharaui, tan importante o más, me atrevería a decir, que el apoyo oficial argelino. Este apoyo de la sociedad civil permite que el Frente Polisario pueda mantener sus posiciones a pesar de las crisis o titubeos de la posición argelina.

 

 

 

5. Hasta este momento las partes implicadas habían aceptado como forma de resolución del contencioso el plan de paz elaborado por la O.U.A. asumido y aplicado por la O.N.U. Como es conocido, la aplicación de dicho plan de paz se ha encontrado con innumerables obstáculos que no han impedido que, a pesar de los retrasos, se hayan franqueado importantes etapas del mismo: se ha concluido la identificación de los candidatos a ser incluidos en el nuevo censo (aunque quede pendiente el problema de las apelaciones), se han desminado ciertos puntos para facilitar el regreso de los refugiados; se ha concluido la inscripción de los refugiados para su repatriación al territorio; se ha aprobado el Estatuto de las Fuerzas militares en presencia; se ha aprobado un Código de Conducta para el período de transición hacia el referéndum.

 

Todos estos pasos, lentos pero inexorables, hacia el momento decisivo estuvieron rodeados por el temor de ambas partes, siendo precisamente este temor la causa de los retrasos centrados básica, pero no exclusivamente, en el problema del censo. En efecto, cada parte temía que el nuevo paso decantase el censo definitivo en un sentido favorable o desfavorable a sus tesis. 

 

En el momento actual del proceso, con un censo de 86.386 individuos declarados como electores de entre un total de 198.469 candidatos entrevistados por las comisiones de identificación, es absolutamente claro para todos que un referéndum abocaría ineludiblemente a la independencia del territorio. Pese a los temores iniciales y a las protestas marroquíes, las comisiones de identificación de Naciones Unidas han actuado con total imparcialidad dando un resultado que se aleja muy poco del censo elaborado por España en 1974. Con este estado de cosas hay una cosa clara: la suspensión sine die del referéndum propuesta por el Secretario General de Naciones Unidas en su informe S/2000/131, de 17 de febrero, perjudica a quien habría ganado el mismo (la parte saharaui) y beneficia a quien lo habría perdido (Marruecos). Marruecos consigue así aplazar un poco más su presencia.

 

 

 

6. El informe del Secretario General de 17 de febrero de 2000, realiza una afirmación falaz y es que si se celebra el referéndum y "una de las partes" (eufemismo para referirse a Marruecos) no acepta el resultado, no hay un mecanismo coercitivo previsto en el plan de paz, ni parece problable que se pueda adoptar. Creo que es falaz, porque el caso de Timor es ilustrativo de que puede hacerse lo contrario. Naciones Unidas puede en cualquier momento autorizar el uso de la fuerza para imponer un resultado. Por causas menos graves se ha autorizado tal uso de la fuerza en otros lugares. 

 

Partiendo de esta discutible premisa, el Secretario General de Naciones Unidas ha dado por fracasado el Plan de Paz y ha lanzado la propuesta de celebrar nuevas conversaciones directas entre las partes, con la mediación de James Baker III para alcanzar una solución "pronta, duradera y consensuada". Ahora bien , esta fórmula sólo puede tener dos significados: o bien se soluciona el problema de las apelaciones para celebrar el referéndum este año (algo que ya ha sido rechazado por Marruecos) o bien se plantea una "tercera vía" distinta de la integración en Marruecos o la independencia. El interrogante está, de un lado, en si esta "tercera vía" puede llegar a prosperar y, de otro lado, en cuál sería la concreción de esta fórmula.

 

 

 

7. La solución de una "tercera vía", esto es, una autonomía para el Sahara Occidental sería aceptable para Marruecos y, de hecho, Hassán II ya la propuso hace tiempo. La cuestión es si sería aceptable para el Frente Polisario. Caben dos posturas: aceptarla o rechazarla. Si se rechaza esta propuesta la única salida sería, de nuevo, la reanudación de las hostilidades. Esta solución ofrece numerosas ventajas en este momento para el Frente Polisario. 

 

En primer lugar, produciría una re-movilización de los saharauis que militan por la independencia que, en estos largos 10 años del alto el fuego han visto seriamente atacada su cohesión en torno a la causa de la independencia con la aparición incluso de algunas disensiones internas. 

 

En segundo lugar, la guerra produciría un grave daño en la delicadísima situación económica de Marruecos, con el consiguiente riesgo de desestabilización social en Marruecos, mientras para el Polisario el coste sería mucho menor por el tipo de guerra de desgaste efectuado. 

 

En tercer lugar, a diferencia de lo que ocurriría en las filas del Polisario (en las que, como se ha dicho, provocaría una re-movilización) la guerra produciría graves fisuras sociales en Marruecos y ello, de un lado, porque en el nuevo clima de menor censura de los medios de comunicación marroquíes, la opinión pública conocería los efectos de la misma (muertos, heridos, prisioneros), de otro lado, porque la juventud marroquí ya suficiente motivada para emigrar de Marruecos encontraría un nuevo motivo para huir de su país y, finalmente, porque el consenso interior en torno a la cuestión del Sahara dista de ser tan efectivo como se quiere hacer creer (así se pone de manifiesto en el importantísimo memorándum de enero de 2000 del líder islamista Yasín, en el que critica la política de la monarquía respecto a los saharauis). 

 

En cuarto lugar, en el supuesto de una vuelta a la guerra, ahora habría que contar con un factor que no existió en la fase bélica anterior a 1991: mientras antes de 1991 la brutal represión hassaniana impidió cualquier movimiento de los saharauis que se encontraban el Sahara Occidental ocupado; ahora (en un clima en el que por razones de imagen internacional Marruecos está necesitado de ofrecer una imagen de mayor apertura, y después del levantamiento popular saharaui en El Aaiún en septiembre de 1999) habría que contar con que los ataques saharauis no sólo pueden producirse desde fuera del muro, sino también desde dentro del muro en el corazón de Marruecos, incluso con la posibilidad de acciones terroristas. 

 

En quinto lugar, una reanudación de las hostilidades sigue dejando abierta la posibilidad a un nuevo alto el fuego y a una nueva negociación en la que el Polisario pueda adoptar una posición de fuerza y en la que, en el peor de los casos, se volvería a plantear una propuesta de autonomía. En definitiva, después de que el Secretario General de Naciones Unidas haya cerrado las puertas del Plan de paz, con la vuelta a la guerra el Frente Polisario no tiene nada que perder y sí algo que ganar, esto es, volver a negociar desde una posición de mucha mayor fuerza.

 

 

 

8. La otra alternativa es la aceptación de la "tercera vía", esto es, de un régimen de autonomía. Esto abriría un nuevo debate, a saber, el de cuál sería el contenido de esa autonomía y cuál sería su finalidad. No cabe duda que ante esta situación Marruecos intentaría, con sus habituales tácticas diplomáticas, establecer un régimen de autonomía con un contenido "descafeinado" lo cual nos introduciría nuevamente en la dinámica negociadora en la que ya hemos estado inmersos en estos 10 años con el riesgo añadido de que, en tanto se solucionan los infinitos "problemas de interpretación" que vaya planteando Marruecos, la ocupación efectiva siga en su estado actual. 

 

Pero, incluso en el supuesto de que se consiga un acuerdo sobre el contenido y el alcance de la autonomía quedaría abierta la puerta a otra cuestión: el de la finalidad de la autonomía. Porque aquí caben dos alternativas: o bien se sigue un modelo "palestino", es decir, un modelo de autonomía esencialmente transitorio hacia un horizonte de estatalidad e independencia del territorio autónomo; o bien un modelo "europeo" dirigido a consolidar la integración del Sahara en Marruecos. 

 

Todos estos problemas, creo que por sí solos nos muestran que esta "tercera vía" puede ser cualquier cosa excepto una solución "rápida, duradera y consensuada" y nos volvería a introducir en la misma dinámica de la que ha adolecido el Plan de Paz. Con una diferencia, sin embargo: mientras en el Plan de Paz ya existe un "acervo" onusiano (las etapas del mismo que ya se han cubierto: identificación de votantes, cuestión de los refugiados, desminado de ciertas zonas, estatuto de fuerzas militares, Código de Conducta), en el supuesto de una nueva negociación sobre la autonomía habría que partir de cero y la constante mala fe demostrada por los marroquíes en las negociaciones que han seguido al Plan de paz no constituyen precisamente un aliciente para empezar de cero esta nueva negociación. 

 

En definitiva, con la aceptación de esta "tercera vía" el Frente Polisario no tiene prácticamente nada que ganar y sí la probabilidad de tener mucho que perder.

 

 

 

9. Así las cosas, ¿qué puede ocurrir a partir de ahora? Estados Unidos va a presionar a para que acepten la "tercera vía" a Marruecos, al Frente Polisario y a Argelia. Marruecos claramente se muestra dispuesto a aceptar esta solución y Francia apoyaría también esta salida. El problema está en Argelia y en el Frente Polisario. 

 

En estas fechas, por mediación directa de ciertos países árabes (aunque quepa ver la mano de los Estados Unidos angloamericanos al fondo), se están reanudando las presiones para un acercamiento y reconciliación argelino-marroquíes. Si Argelia acepta esta solución el margen de maniobra del Frente Polisario será muy pequeño (aunque no del todo inexistente). 

 

La cuestión es qué se le puede ofrecer a Argelia para que acepte esta solución, porque la estabilización y desarrollo económico del Magreb ciertamente beneficia económicamente a todos los Estados de la región (también a Marruecos, no sólo a Argelia), pero perjudica políticamente a Argelia al salir reforzado Marruecos como primera potencia en la zona y como una de las grandes potencias africanas. ¿Qué camino tomará Argelia? El Sahara Occidental se halla en la encrucijada.

 

 


NOTAS:

 

* El artículo fue publicado en los diarios El Mundo (16.03.2000) y El dia de Baleares, (17.03.2000)  y en la revista gallega Outras Vozes, (número 13, año 2000). Afrol.com lo ha reproducido con la autorización previa del autor.


* El autor, Carlos Ruiz Miguel es Profesor titular de Derecho Constitucional en la Universidad de Santiago de Compostela. 

 



© Carlos Ruiz Miguel

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