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El mito de la
unanimidad marroquí sobre el Sáhara
Autor:
Carlos Ruiz Miguel, Profesor titular de Derecho Constitucional,
Universidad de Santiago de Compostela, 2000
Uno de los argumentos más frecuentemente utilizados para consolidar la presencia marroquí en el Sahara Occidental es que la "recuperación" de este territorio es la "primera causa nacional" sobre la que hay unanimidad de todos los marroquíes. Dejemos de lado la falacia de hablar de "recuperación" para referirse a un territorio que nunca fue objeto de la soberanía marroquí: al fin y al cabo, Marruecos es un aventajado discípulo de Goebbels en el arte de la mentira política. El asunto que nos parece importante a los efectos actuales es el relativo a esa supuesta "unanimidad" marroquí en torno al Sahara Occidental.
Este "argumento" es utilizado por Marruecos para hacer creer a la comunidad internacional que debe renunciar a la organización de un referéndum de autodeterminación libre, justo y transparente, porque un resultado adverso a la integración en Marruecos "no sería aceptado" por el "pueblo" marroquí que "unánimemente" lo rechazaría; pero curiosamente también es utilizado de forma sibilina por aquellos políticos no marroquíes (frecuentemente franceses y a veces españoles) que no atreviéndose a manifestarse como pro-marroquíes o deseando disimular su pro-marroquismo (que en muchas ocasiones oculta intereses inconfesables) desean una "solución" del conflicto que consista en la integración del Sahara Occidental en Marruecos. Ahora bien, ¿qué hay de verdad en todo ello?
Si nos retrotraemos en el tiempo, advertiremos que en el momento de la última ocupación continuada española del Sahara Occidental a finales del siglo XIX, no se constató ninguna protesta marroquí por la misma. Lo mismo ocurrió a raíz de la celebración del Tratado de 1912 que sometía a Marruecos bajo protectorado hispano-francés: en dicho Tratado cuyo objeto era el destino de "Marruecos" no se consideró el Sahara Occidental y no hubo protestas por ello.
La primera vez que aparece la cuestión del Sahara Occidental en la política marroquí es como iniciativa de un partido político de extrema derecha, el Istiqlal ("Independencia") cuyo teórico, El-Fassi, a modo de "Sabino Arana a la marroquí" diseñó su proyecto del "Gran Marruecos" que abarcaba todo Marruecos, el territorio español de Ceuta y Melilla, el Sahara Occidental, Ifni, parte de Argelia, Mauritania y parte de Mali. Así pues, la reclamación del Sahara no comenzó siendo una "causa nacional unánime" sino más bien una "causa del partido nacionalista".
Fue después cuando Hassán, debilitado por las revueltas internas, intentó reforzar su posición en el trono agrupando a todos los marroquíes en torno a una causa integradora a cuyo efecto puso en marcha una de las más gigantescas operaciones de manipulación que se conocen en la historia: durante un año tras otro todos los medios de comunicación marroquíes (televisión, radio y prensa) controlados directa o indirectamente por el Monarca bombardearon a la opinión pública para hacerla creer que el Sahara Occidental era marroquí y que constituía un acto de justicia su "recuperación".
Ahora bien, incluso en aquellos momentos críticos, en los que se produjo la invasión hassaniana del Sahara Occidental, hubo sectores políticos que vieron con lucidez que todo ello sólo enmascaraba una estrategia de Hassán para encastillarse en el poder. Fue así como los partidos políticos de extrema izquierda, el Frente de oposición que agrupó a los partidos "Ilal'l Aman", "23 mars" y "Al Mutakatilin", se opuso a la anexión, desmintiendo desde un primer momento esa supuesta "unanimidad". El precio que pagaron fue muy alto. La salvaje represión hassaniana se desató contra sus miembros, que eran sistemáticamente excluidos de las amnistías y de los indultos mientras no reconocieran la "marroquinidad del Sahara".
Pero la pregunta es fácil: si tan unánime, espontáneo y mayoritario es el apoyo del pueblo marroquí a la anexión ¿por qué obligar a estos perseguidos a aceptar esa "marroquinidad"? ¿Era tanto el miedo de Hassán a que el pueblo se diera cuenta de que lo único que se había hecho era un crimen contra un pueblo hermano para favorecer los intereses particulares del monarca?
A la muerte de Hassán nuevos hechos desmienten la "unanimidad" marroquí en torno al Sahara Occidental. Las disidencias respecto al "pensamiento único" oficialmente impuesto por el Monarca comienzan a aflorar. De un lado, los sectores más progresistas y democráticos empiezan a cuestionar la política respecto al Sahara Occidental. Así, asociaciones independientes marroquíes de derechos humanos han denunciado la farsa del "Comité consultivo de Derechos Humanos" creado por Hassán para resolver los casos de violaciones de derechos humanos en las fases más negras de su reinado.
Dicho Comité, curiosamente, no reconoció ninguna violación de derechos o desaparición de ciudadanos saharauis; sin embargo, las asociaciones marroquíes independientes se han unido a los saharauis represaliados para denunciar las persecuciones, torturas y desapariciones de saharauis. Es más, publicaciones independientes (como la joven revista "Demain") se pronuncian sin ambages en favor de una negociación directa de Marruecos con el proscrito Frente Polisario para resolver el conflicto, renunciando así al dogma de la "marroquinidad incuestionable del Sahara". Por otro lado, desde los sectores islamistas se ha cuestionado la política de la Corona respecto al Sahara. Detengámonos en este importante aspecto.
El movimiento islamista marroquí "Justicia y Caridad", ilegal, cuyo líder Abdesalán Yasín se encuentra en arresto domiciliario sin juicio desde hace 10 años constituye, según todos los observadores independientes la primera fuerza política de Marruecos. Esa fuerza se ha puestode manifiesto en numerosas ocasiones y muy señaladamente en las manifestaciones organizadas por el mismo. Es esa fuerza impresionante, dicho sea de paso, la causa de que el supuestamente reformador joven Rey Mohamed VI no disuelva el actual Parlamento (fruto de unas elecciones escandalosamente trucadas por el destituido Basri) y convoque unas elecciones verdaderamente libres. En Marruecos absolutamente nadie duda de que el triunfo en tales elecciones sería para el movimiento de Yasín.
Pues bien, en su última carta abierta titulada "A quien corresponda", publicada en enero de 2000, se hacen importantísimas consideraciones sobre el Sahara Occidental que, por si hubiera alguna duda, desmienten definitivamente la "unanimidad" marroquí sobre el Sahara Occidental y constituyen una clara denuncia de que el asunto del Sahara es sólo una maniobra teledirigida por el Monarca en su propio beneficio. Yasín señala que el monarca se enfrenta a una cuestión de muy urgente resolución, la cuestión del Sahara Occidental y añade que "la hipoteca del Sahara es un legado envenenado del reino y de la política de prestigio hecha a costa de desdeñar a las personas".
Según Yasín "nuestros hermanos saharauis" se hallan divididos ante una alternativa: o bien los saharauis "hombres orgullosos e independientes" quedan sometidos a la "humillación" que "hiere el amor propio de un pueblo muy vinculado al Islam" que queda "envilecido" con la obligación de adherirse a "un reino rígido en su trono que les obliga a prosternarse" en la ceremonia de sumisión (beia) que de contrato de mutuo acuerdo ha quedado convertido en una parodia ridícula en la que los jefes tribales deben doblar el espinazo ante el rey; o bien, se suman a la voz de las "bandas armadas e ideologizadas" (el Polisario) que "les habla el lenguaje de la dignidad".
Por ello, Yasín se plantea retóricamente esta pregunta: los saharauis, "¿van a votar por integrarse en un Marruecos que debe ser repensado y reconstruido o van a extraer las lecciones de las humillaciones pasadas y de la represión salvaje de la que han sido víctimas muy recientemente y elegir la dignidad y la libertad bajo otra bandera?". Y concluye: "los miles de millones gastados para construir ciudades modernas y flamantes nuevos edificios en las arenas del desierto sólo habrán servido para empobrecer a Marruecos y agravar su endeudamiento.
La política de prestigio conquistador sólo habrá servido para consagrar la ruptura entre dos fracciones de un mismo pueblo" (bien entendido que cuando Yasín habla de un "mismo pueblo" se refiere a la comunidad islámica). Las palabras del líder máximo de la agrupación política marroquí más importante del momento no dejan lugar a ninguna duda: es falso que Marruecos tenga una posición "unánime" en el asunto del Sahara; la descolonización sería bien aceptada como modo de acabar con una sangría que sólo empobrece a Marruecos.
NOTAS:
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El artículo fue publicado en Publicado en Sahara Libre (nº 4, año 2000). Afrol.com lo ha reproducido con la autorización previa del
autor.
* El autor, Carlos Ruiz Miguel es Profesor titular de Derecho Constitucional en
la Universidad de Santiago de Compostela.
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Carlos Ruiz Miguel
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