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Sáhara Occidental | Marruecos
Derechos Humanos | Economía - Desarrollo | Medios | Mujeres y Género | Política | Sociedad | Trabajo

Editorial - ¿Qué huele a podrido en el Reino de Marruecos?

afrol News, 2 de Agosto de 2003 - Cuatro años después de que el Rey Mohamed VI llegase al trono, su imagen renovadora ha desaparecido. Marruecos sigue siendo el país más pobre y represivo de toda la región. Está clasificado como el país más corrupto del Maghreb y una serie de patochadas diplomáticas sobre Sáhara Occidental están llevando al Reino al aislamiento.

'Telquel' - uno de los pocos medios francos e independientes que todavía existen en Marruecos - se atreve a cuestionar dos asuntos de gran importancia en su última edición. "¿Nuestra diplomacia es incompetente?" se preguntaba el semanal de Casablanca sobre el asunto de Sáhara Occidental, ya antes de la amarga derrota marroquí en el Consejo de Seguridad de ayer. El mismo papel de incompetencia gubernamental tenía la culpa de dejar a diez millones de jóvenes del país - la tercera parte de la población - sin esperanza de un futuro, según 'Telquel'.

En el año 2000 - un año después de que Mohamed VI sucediese a su padre Hassan II - se celebraba el optimismo de un nuevo e iluminado futuro en Marruecos. El joven y moderno Rey dio señales de un camino hacia la democracia, la libertad de prensa, el desarrollo económico, una muy necesitada mejora del papel de la mujer marroquí y un avanze en el conflicto saharaui. Durante su primer aniversario, nacional e internacionalmente se celebraba a Mohamed VI por devolver el progreso al estancado reino.

Después de eso, el Rey ha mantenido en algunas ocasiones su imagen positiva y moderna en la prensa local e internacional a través de la ruptura con las tradiciones. En julio del año pasado, el Rey se casó con una informática marroquí en una ceremonia abierta al público y nombró a su esposa 'Lalla Salma' - o Princesa Salma -, algo contrario a la tradición. En la dinastía alauí, hasta ahora, se había ocultado a las mujeres - la propia madre de Mohamed no tiene título ninguno y nunca ha aparecido en público. Se preveía una nueva era para las mujeres marroquíes.

Siguiendo con esta nueva imagen de modernización de la dinastía alauí, el nacimiento del príncipe heredero Moulay Al-Hassan, el pasado 8 de marzo, se hizo un evento público. La agencia de noticias semioficial MAP distribuyó fotos del recién nacido junto con su madre "S.A.R. Princesa Lalla Salma", de manera parecida a las liberales casas reales europeas.

Pero estas manifestaciones ocasionales de modernidad no han sido suficientes para ocultar el hecho de que las reformas profundas no pueden echar raíces en el Reino alauí. Tras la fachada gloriosa - al Reino le gusta dar la impresión de ser la nación líder de la región - muy poco se ha mejorado durante los últimos años. Dentro de Marruecos y en el extranjero, el todavía joven rey parece haber desgastado ya toda su buena voluntad.

En el recién publicado informe anual de desarrollo humano de la ONU, Marruecos sigue siendo netamente inferior a todas las naciones norteafricanas. Marruecos llegó a ser el país número 126 de un total de 175 países en lo que a desarrollo humano se refiere - tan solo a 50 puestos del último país (Sierra Leona).

Otras naciones norteafricanas - Argelia (clasificada en el número 107), Túnez (91), Libia (61) y Egipto (120) - han adelantado significativamente en cerrar la distancia económica con los países europeos al otro lado del Mar Mediterráneo. También la "vecina" subsahariana Mauritania (154), al contrario que Marruecos, está gradualmente progresando en la lista de desarrollo humano.

El crecimiento económico se ha extendido entre niveles desastrosos (-0,1 por ciento) y buenos (+6,5 por ciento) desde que Mohamed VI tomó el poder en 1999. Este crecimiento - que se ve algo reducido por el aumento de población - ha contribuido hasta ahora a bajar el paro urbano desde un nivel de 22 a un18 por ciento. Estos logros, sin embargo, no parecen asegurados, dada la dependencia de la economía marroquí del sector turístico - que se ha reducido tras un auge en el año 2001.

Para las masas marroquíes, el limitado progreso económico no ha cumplido, de ninguna manera, con las esperanzas puestas en el nuevo Rey. 'Telquel' expresa las sensaciones de muchos marroquíes en sus quejas sobre la ineficacia del gobierno para crear buenas condiciones para los 10 millones de jóvenes del Reino y formarles para desarrollar el país. Después de la declaración gubernamental de mejorar la situación para la generación joven a mediados del año 2001, "la situación no ha cambiado ni en un punto", concluye el semanal de Casablanca.

El pueblo marroquí observa que gran parte de la nueva riqueza se ha mantenido dentro del llamado 'Makhzen' - los empresarios y militares que constituyen el 'poder tras el trono' y a los que generalmente se percibe como la clase conservadora y corrupta con el control de la política y la economía de Marruecos.

La pequeña disminución del paro, además, no puede verse compensada por la falta de progreso en la lucha contra la corrupción y la mejora de los derechos civiles. Marruecos fue clasificado recientemente el país más corrupto del Maghreb, según un estudio del Foro Mundial de Economía, basado en Suiza, y en el que se situaba al mismo nivel que países como Zimbabwe o Mozambique. La clasificación se basaba en encuestas entre la población de cada país, cuestionada sobre el nivel de corrupción en su gobierno y por ello el estudio reflejaba el descontento de la población.

También en el extranjero se ha cimentado últimamente la percepción de un gobierno marroquí incapaz o desinteresado en tratar las raíces de la corrupción. Según un reciente estudio de la cámara comercial estadounidense-marroquí, el 80 por ciento de los inversores extranjeros perciben a la justicia marroquí como "ineficaz e inclinada hacia la corrupción".

Sin embargo, la cuestión de los derechos humanos sigue siendo el tema donde el nuevo gobierno de Mohamed VI ha decepcionado más a sus ciudadanos. Las supuestamente manipuladas elecciones legislativas del año pasado - solamente partidos muy escogidos podían participar - no convencieron a la población de que se había introducido la democracia. La baja participación reflejaba el hecho de que sería, en cualquier manera, el Rey y el 'Makhzen' quienes nombrarían el gobierno.

Con el mito de la democratización sin credibilidad entre la población, el régimen rápidamente reversó sus primeras tendencias a aumentar el respeto a los derechos humanos para asegurar su base del poder. Durante los últimos años, ha aumentado rápidamente la cifra de prisioneros políticos, que ya incluyen a simpatizantes de la independencia saharaui, islamistas moderados y miembros de la prensa y organizaciones de derechos humanos. Los frecuentes informes sobre tortura en las cárceles marroquíes también documentan que poco ha cambiado.

El caso del editor Ali L'mrabet - que tuvo amplia cobertura en la prensa internacional - también hizo que gobiernos de Occidente reconsiderasen su impresión de progreso en Marruecos. El editor de gran integridad fue sentenciado este año a cuatro años de cárcel por "insultar a la persona del Rey", "ofensas contra la integridad territorial" y "ofensas contra la monarquía".

L'mrabet había publicado artículos en lo que discutía varios de los principales problemas de la empobrecida nación. Publicó una entrevista con un marroquí republicano que estaba a favor de la autodeterminación de los saharauis, con ello "socavando la integridad territorial de Marruecos", y un artículo que cuestionaba las disposiciones económicas de la Casa Real y del 'Makhzen'. Después de su encarcelamiento, cuatro periodistas marroquíes más han sido detenidos por publicar un análisis islamista.

Dados estos fallos gubernamentales a la hora de satisfacer las expectaciones públicas, el Rey ha tenido que jugar, cada vez más frecuentemente, con la carta nacionalista. El año pasado, consiguió girar la atención pública hacia su papel de defensor de la nación mediante una corta ocupación del disputado islote Perejil o Leila, costa afuera del norte de Marruecos y bajo control español.

Más importante, sin embargo, es la radicalización de lenguaje del Rey sobre el asunto de Sáhara Occidental, territorio disputado desde la ocupación marroquí en 1975. Regularmente ha rechazado cualquier solución que pueda incluir una "violación" de la "integridad territorial" del reino, algo que en términos prácticos significa que Marruecos ha retirado su apoyo a las negociaciones bajo el control de la ONU para una solución pacífica.

Esta retórica oficial, sin embargo, se ha demostrado estar fuera de la realidad, ya que Marruecos no es el superpoder regional que le gusta parecer ser. Su retórica nacionalista en casa, de hecho, ha dañado a la flexibilidad de la diplomacia marroquí en el extranjero - hasta el punto de darle al gobierno la humillación más grande de su historia diplomática ayer, cuando el Consejo de Seguridad, unánimemente, instó a Maruecos a aceptar su plan de paz para Sáhara Occidental.

Con el pastel nacionalista descubierto, se hace cada vez más imposible para Marruecos aceptar las demandas internacionales por encontrar una solución para Sáhara Occidental - especialmente como el plan de paz de la ONU podría acabar exponiendo las debilidades del sistema político en el propio Marruecos.

Según el plan de paz de la ONU, que ha rechazado Marruecos, el territorio de Sáhara estará durante cinco años bajo el control de una "Autoridad de Sáhara Occidental" elegida por saharauis. La cual, según temores marroquíes, podrá hacerse un catalizador de cambios en el propio Marruecos. El plan de los saharauis es establecer una moderna democracia que respete los derechos humanos y sigua los principios modernos de economía. Si lo consigue, esta "provincia marroquí" representará un peligroso contraste para la oligarquía 'Makhzen'.

Mientras el gobierno marroquí maniobra rápidamente arrinconado entre su propia población y la comunidad internacional, sobra la pregunta de "¿Qué falló con la agenda de reformas de Mohamed VI?" La respuesta, probablemente, se encuentra en la interdependencia entre la Casa Real y el 'Makhzen' cuando se trata de mantener el control de los 30 millones de marroquíes, cada vez más insatisfechos.

El Rey Mohamed VI hizo un intento de reducir la dependencia del trono de la oligarquía 'Makhzen' en los primeros años de su reinado. Poco después de tomar el poder echó a Driss Basri, el ex-Ministro de Interior a quien se consideraba pilar del sistema 'Makhzen'. También una investigación de corrupción de gran escala expuso que la amplitud de la elite 'Makhzen' - desde el sindicato a los líderes políticos y económicos - estaban envueltos en dudosas transacciones económicas.

Sin embargo, últimamente los investigadores sobre corrupción han suavizado sus alegaciones contra el establecimiento político y han vuelto a concentrarse en unos pocos jefes bancarios. No se tomaban acciones legales contra los altos miembros del 'Makhzen'.

Ya que el joven rey necesitaba apoyo para sus, a veces, controvertidas políticas y además rápidamente perdió el apoyo popular, tuvo que volver al 'Makhzen' para mantener su control del poder. Por ello, parece que los marroquíes tampoco experimentarán reformas profundas bajo del reino de Mohamed VI.

Estas frustradas esperanzas de la población, sin embargo, representan un real peligro para el régimen de la dinastía alauí y la estabilidad regional. Decepcionada por el rey, una parte cada vez más grande de la población está mirando hacia los islamistas para encontrar soluciones para el futuro de Maruecos y de sus jóvenes.



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