Ruanda Sociedad La convivencia se abre camino en Ruandaafrol News / IRIN, 14 de Enero de 2008 - Antes del genocidio de Ruanda, Mutiribambi Aziri y Jaqueline Mukamana eran vecinos en la ciudad de Nyamata, al sur de la capital, Kigali. Cuando comenzaron los 100 días de matanza en abril de 1994, Mukamana, una adolescente Tutsi y Aziri, un agricultor Hutu, se encontraron en bandos opuestos.
800.000 Tutsi y Hutu moderados fueron asesinados por las milicias Hutu, conocidas como los Interahamwe.
Mukamana fue a buscar un dñia agua al pozo de la comunitario y regresó para encontrar a toda su familia muerta a machetazos por sus vecinos. Se escondió en los campos y huyó luego a pie al vecino Burundi.
Aziri fue uno de los que se vieron envueltos en un frenesí asesino impulsado por la línea dura de la administración Hutu. No mató a la familia de Mukamana, pero admite haber matado a algunos de sus vecinos con un machete.
Trece años después, son vecinos de nuevo, conversando en las polvorientas calles y asistiendo juntos a los servicios religiosos.
"Nos ayudamos mutuamente", declaró Aziri a IRIN. "Cuando un miembro de una familia está enfermo, lo visitamos". Más importante, comenta Aziri, "nuestros hijos son amigos".
Las 40 familias que viven en Imidugudo, que se traduce por "aldea reconciliación", en Nyamata, a 30 km al sur de la capital, Kigali, forman parte de un experimento donde los supervivientes del genocidio y los perpetradores confesos viven en la misma comunidad, en pequeñas casas con tejado de hojalata que ellos mismos han construido.
La aldea es la creación intelectual del pastor Steven Gahigi, un sacerdote anglicano que sobrevivió al genocidio huyendo a Burundi con su mujer y sus dos hijos. Su madre, padre y hermanos murieron todos y Gahigi pensó que había perdido su habilidad para perdonar.
"Recé hasta que una noche vi una imagen de Jesucristo en la cruz", declara Gahigi. "Pensé en cómo él perdonó y supe que yo y otros podíamos hacerlo también".
Inspirado por la visión, Gahigi comenzó a predicar el perdón no sólo en la parroquia de Nyamata, sino en las atestadas prisiones donde cientos de miles de perpetradores esperan ser juzgados.
Hoy, Gahigi proporciona consejo espiritual tanto a los perpetradores como a las víctimas, la mayoría de los cuales trabajan como pequeños agricultores, lo mismo que hacían antes del genocidio.
El camino al perdón no era fácil, señalan los habitantes.
"No pensé que fuera capaz de perdonar", comenta Mukamana, "hasta que oí el mensaje del pastor". Ahora, es muy amiga de Aziri, quien pasa a menudo por su casa para conversar.
Los habitantes señalan que su habilidad para perdonar reside en sus creencias cristianas.
"Esta gente mató a mis padres", comenta a IRIN Janet Mukabyagaju. "No me resulta fácil para mí perdonarles. Pero Dios perdonó. Yo tengo que hacer lo mismo".
Con la financiación procedente de la organización cristiana sin ánimo de lucro 'Prison Fellowship International', los supervivientes y los perpetradores del genocidio acordaron vivir juntos en armonía. Los miembros fundadores de la comunidad votaron quién podría vivir en Imidugudo - una práctica que continúa hoy.
Por staff writer © afrol News / IRIN - Reciba alertas de noticias de Ruanda - Reciba alertas de noticias de Sociedad
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