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afrol.com / IPS, 10.03.2001 - La mutilación genital femenina es una práctica salvaje, según las creencias de los más occidentales, pero muchas mujeres africanas musulmanas también critican que las mujeres que han luchado los últimos 15 años para erradicar la práctica han estado traicionando su cultura. Las mujeres africanas están encontrando ahora caminos alternativos para luchar contra la MGF sin atacar a las tradiciones locales. - No puedo criticar a mi madre ni a mi abuela por haberme mutilado. Ellas pensaban que lo estaban haciendo por mi propio bien, decía esta semana Fatou Waggeh, de Gambia, durante la conferencia internacional sobre mutilación genital femenina que se ha desarrollado en Italia. Esta práctica, también denominada por algunos "circuncisión", se realiza en la cultura islámica y consiste en extirpar, normalmente sin anestesia, el clítoris, labios y vulva de la mujer, dejando sólo un orificio para el flujo menstrual y la orina que, supuestamente, "aumentará el placer sexual del hombre". Este tipo de mutilación genital es conocido como infibulación o Circuncisión Faraónica y es típico entre la población musulmana del cuerno de África. La Asociación de Mujeres Italianas para el Desarrollo (AIDOS) organizó la conferencia en Roma y fue presidida por la diputada del Parlamento Europeo Emma Bonino, con la intención de lanzar una campaña por la Asamblea General de las Naciones Unidas para tratar el tema de la mutilación genital femenina durante sus sesiones del año 2002. De las mujeres musulmanas en Gambia, el 70% han sido mutiladas. La Organización Mundial de la Salud (WHO, por sus siglas en inglés) calcula que entre 100 y 130 millones de mujeres de toda África han sufrido la práctica y dos millones de chicas y adolescentes son mutiladas cada año. "Ha habido billones de víctimas si se tiene en cuenta que es una práctica extremadamente antigua, mencionada ya por Herodoto en el siglo V a.C.", señalaba Nerina Boschiero, profesora de Ley Internacional en la Universidad de Verona, Italia. - Yo fuí víctima con 15 años, declaró la gambiense Fatou Waggeh. "El mismo día en que empezé a ayudar a las otras víctimas comenzé a olvidar mis propios sentimientos". Ahora es la directora de la Fundación de Banjul para la Investigación de Salud Femenina. Una historia diferente se escuchó por parte de Kady Koita, de Senegal, la más joven de las activistas que tomaron parte en esta conferencia en Roma: "Me circuncidaron a los siete años, junto a otras niñas. Todas esperábamos nuestro turno. No me explicaron lo que me iba a pasar ese día, pero conocía lo que sería y por eso no llegó a ser traumático". - Después, al cumplir los 20 años empezé a entenderlo, sentí un inmenso vacío, dice. "Me habían quitado una parte de mi cuerpo, y yo había hecho lo mismo a dos de mis tres hijas. Tuve que coger las riendas del odio que sentía. Odiar tus errores y prevenirte de lo que has hecho haciendo algo positivo, para tí mismo y para los demás. Y nada ni nadie puede ya cambiar mi sexualidad mutilada. Kade Koita, que vive en Francia, es presidente de la Red Europea para la Prevención de la Mutilación Genital Femenina. - La sociedad colabora en esta práctica. Se basa en una cultura que define los caminos de la vida y da significado a una identidad. No se espera que una mujer africana siga su camino si no este no es dictado junto con su marido, explicaba Waggeh. "Una familia dedicará sus ingresos de un año entero a la ceremonia de la circuncisión, que transformará a la niña en una mujer. Todos creen en esto y los mayores te preparan para ese día." - Otros piensan en motivos religiosos, pero el Corán no menciona nada sobre el tema, añade. "Una mujer no circuncindada es marginada y nunca se casará. ¿Cómo no se va a realizar?". Los hombres están también detrás de los orígenes de esta práctica, que les da poder. Ellos rechazan en un principio hablar sobre el tema y la gente tiene miedo de perder su cultura. "La cultura es dinámica y se debe entender que debe evolucionar. No podemos mover un montaña, pero debemos encontrar la forma de rodearla, encontrar la forma de hacer entender a los mayores que se encuentran en un error", decía Waggeh. - No deberíamos soportar la violencia doméstica o la discrimación que los hombres nos hacen sufrir, pero tenemos que encontrar soluciones para hacerles entender lo que hacen mal, comentaba Koita, que usa vídeos de prácticas de la mutilación como una arma en su campaña contra la MGF. Cuando los hombres veen los vídeos, "cubren sus caras, se horrorizan ante las imágenes y no lo pueden creer. Ellos piensan, inevitablemente, en sus hijas. Algunos se avergüenzan. No tienen idea sobre esto porque solamente las mujeres pueden participar en la ceremonia", explicaba la activista. - La mayoría de las mujeres no se conocen a sí mismas, puntualizaba Waggeh. "No se observan, no entienden su físico, los motivos de la menstruación, la función del clítoris, etc. Por ello estamos organizando clases sanitarias y es excitante ver como las mujeres descubren lo que ocurre con sus propios cuerpos." Durante la conferencia se produjo un momento en el que todos los oídos se giraron hacia Leila Sheik, directora de la Asociación de Mujeres Periodistas de Tanzania, que dijo: "No he sido mutilada. Soy de una ciudad cercana a Zanzíbar donde se han escrito poemas dedicados a la belleza de los clítoris".
Por Ricardo Grassi, IPS
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